
Bodegas Irache es una de las bodegas más antiguas de Navarra.
Fue fundada en el año 1.891 aunque ya en el siglo X los monjes benedictinos, que habitaban el anexo monasterio, elaboraban vinos en las mismas tierras.
Vinos muy reconocidos que servían de alimento y cura para los peregrinos del Camino de Santiago.
Los caldos de nuestra tierra eran servidos en los banquetes de la familia real de Navarra y se exportaban a Francia y Portugal por los monjes que habitaban el monasterio.
Tras el pasar de los años han pasado muchas cosas y mucho vino.
Bajo la influencia arquitectónica del Monasterio de Irache se construyó en la década de los noventa la nave de crianza de la bodega.
Un espectacular espacio conformado por imponentes columnas rematadas por arcos de medio punto que han hecho que algunos entendidos la llamen la catedral del vino.
Este espacio posee una capacidad para albergar 10.000 barricas, con una amplitud entre pasillos, y una altura de techos impresionantes a la vista, que permite un traslado cómodo y seguro de las cubas.
Toda el área es perfecta para garantizar el correcto cuidado de nuestros vinos durante su período de crianza, en las barricas de roble francés y americano que actualmente la conforman.
Los vinos tienen una calidad y personalidad únicas gracias a las uvas que obtenemos de las más de 101 hectáreas de viñedo distribuidas en diferentes parcelas de la zona.
Tierra Estella posee un clima único e interesante.
Gracias a la climatología de la zona, fría, húmeda y con gran contraste térmico entre el día y la noche, obtenemos unos vinos de alta calidad e ideales para la crianza.
Cultivamos variedades autóctonas como la uva Tempranillo, la Garnacha, Graciano en suelos calizos y minerales que aportan una marcada personalidad a nuestros vinos.
Pero también estos suelos permiten una buena adaptación de uvas como la Cabernet Sauvignon y el Merlot, son algunas de las uvas que Bodegas Irache cultiva.
La diversidad climática de la zona y su especial orientación, con influencia atlántica y a un paso de la zona límite de cultivo, resultan un hábitat donde dificulta la maduración de la vid.
Ahí es dónde aumentan las aspiraciones de calidad.